La Noche de San Juan: Entre el Fuego y la Fe
- Marina
- 24 jun
- 3 Min. de lectura

Cada 23 de junio por la noche, en distintos rincones del mundo, miles de personas se reúnen en torno a hogueras, rituales y celebraciones. Algunos lo hacen como parte de una tradición cristiana. Otros, quizás sin saberlo, participan de una de las festividades paganas más antiguas que se conservan en el imaginario colectivo. La Noche de San Juan, con sus raíces encendidas en la tierra y sus símbolos elevados al cielo, es un verdadero puente entre mundos: entre lo ancestral y lo moderno, entre lo pagano y lo sagrado, entre la oscuridad y la luz.
Origen Pagano: el culto al Sol
Antes de que la Iglesia fijara el 24 de junio como fecha del nacimiento de San Juan Bautista, las culturas europeas ya celebraban el solsticio de verano —el día más largo del año, en el hemisferio norte— con rituales destinados a agradecer al sol su luz, pedir protección para las cosechas y ahuyentar a los malos espíritus.

Entre los pueblos celtas, germanos, escandinavos y eslavos, era habitual encender hogueras, saltarlas, bailar alrededor de ellas, y recoger hierbas mágicas cuya potencia, se creía, se intensificaba esa noche. Estas festividades eran un homenaje al astro rey, una forma de asegurarse su favor en la segunda mitad del año.
"En la tradición celta, el solsticio de verano era considerado un portal de paso, un momento de apertura energética donde el velo entre mundos se volvía más fino".- Jean Markale, La fête des fous et autres fêtes païennes
Cristianización: el nacimiento del Bautista
Con la expansión del cristianismo, la Iglesia se encontró con la necesidad de integrar las celebraciones populares dentro de su calendario litúrgico. Así, la fiesta del solsticio se transformó en la celebración del nacimiento de San Juan Bautista, una figura clave en el Nuevo Testamento.
A diferencia de Jesús, cuya natividad se conmemora el 25 de diciembre (cerca del solsticio de invierno), Juan fue ubicado simbólicamente seis meses antes, en pleno esplendor solar. Según el Evangelio de Lucas, Juan nació cuando su madre, Isabel, estaba embarazada de seis meses al momento de la anunciación a María (Lucas 1:36).

"Él debe crecer, y yo menguar", dice Juan en el Evangelio de Juan (3:30). Esta frase fue interpretada por la Iglesia como una metáfora del ciclo solar: desde junio, el sol comienza a declinar, como Juan, para dar paso a la luz verdadera, Cristo.
Así, la hoguera ya no era para el sol, sino para celebrar la luz del profeta.
Sincretismo Vivo: el fuego que une mundos
Lo notable es que la forma del rito nunca desapareció, aunque cambiara su justificación. Hoy en día, tanto en España (especialmente en Galicia, Asturias, Cataluña y Valencia), como en países latinoamericanos como Bolivia, Perú, Paraguay y Argentina, la noche de San Juan se sigue celebrando con fuego, saltos, deseos, quema de miedos, y baños rituales.
"La hoguera de San Juan tiene hoy una función de purificación simbólica. Se queman cosas viejas, se escriben deseos, se purifican cuerpos y espacios. Es una relectura moderna de un rito arcaico, donde el fuego es protagonista y puente".- Joan Amades, Costumari Català
En el ámbito rural argentino, especialmente en el norte, aún se practican saltos de fuego para alejar enfermedades o atraer buena fortuna. En la Patagonia, algunas comunidades andinas fusionan este rito con prácticas ancestrales del Inti Raymi, la fiesta del sol incaica.
Elementos simbólicos
El fuego: elemento central. Purifica, transforma, protege. En muchas versiones del ritual, se escriben miedos, cargas o deseos en papel, y se arrojan al fuego.
El agua: en Galicia y Asturias, se recogen aguas de siete fuentes para lavarse el rostro a la mañana siguiente. El agua se vuelve mágica esa noche.
Las hierbas: el romero, el hipérico (hierba de San Juan), el laurel, la ruda y otras plantas se cuelgan en las puertas o se recogen para infusiones de protección.
Los oráculos: se tiran las cartas, se interpretan sueños, se leen figuras de cera derretida en agua o se observan señales en la naturaleza.
Una noche para renacer
San Juan es una noche donde el fuego no sólo calienta: transmuta. Donde el agua no sólo limpia: consagra. Y donde los símbolos antiguos, lejos de extinguirse, siguen vivos en la piel de quienes, con una ramita de ruda en la mano, cruzan un fuego encendido por generaciones.
Que tengas un hermoso día!









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