
El espejismo del tiempo: explorando la danza no lineal de la existencia
- Marina
- 19 jun
- 4 Min. de lectura
Vivimos atrapados en una idea que parece incuestionable: que el tiempo es una línea recta, una flecha que va del pasado al futuro pasando por un presente que se nos escurre como arena entre los dedos. Sin embargo, ¿y si esa linealidad fuera apenas un espejismo? ¿Y si el tiempo, tal como lo concebimos, fuera más una construcción mental que una verdad absoluta?
A lo largo de mi camino —entre libros, meditaciones, lecturas de Tarot y sueños— fui descubriendo que muchas sabidurías, tanto científicas como espirituales, apuntan a lo mismo: el tiempo no es lo que creemos.
Einstein y la ilusión del tiempo
Albert Einstein fue uno de los primeros en sacudir nuestras certezas con una frase que, aún hoy, resuena en quienes nos animamos a mirar más allá:“La distinción entre pasado, presente y futuro es sólo una ilusión persistentemente obstinada.”(Albert Einstein, carta a la familia de Michele Besso, 1955)
En su Teoría de la Relatividad, el tiempo deja de ser absoluto y se entrelaza con el espacio en con un movimiento flexible, afectado por la gravedad y la velocidad. Es decir: el tiempo puede estirarse, contraerse, y no todos lo experimentamos de la misma forma.
Pero la física cuántica va todavía más lejos. El principio de superposición nos habla de partículas que pueden estar en varios estados al mismo tiempo. Y el entrelazamiento cuántico sugiere que dos partículas pueden estar conectadas más allá del espacio… y quizás más allá del tiempo.
¿Y si no fuera el tiempo el que se mueve, sino nuestra conciencia?
Los Registros Akáshicos: una biblioteca fuera del tiempo
En las tradiciones esotéricas, esta visión se refleja en el concepto de los Registros Akáshicos. Se los describe como una especie de memoria del universo, un campo energético donde está grabado todo lo que fue, es y podría llegar a ser.
No se trata de una cronología fija como la de un libro de historia, sino de una totalidad simultánea. Como si todo estuviera ocurriendo ahora, en distintas capas de una misma realidad. Acceder a los Registros no es “viajar al pasado” o “ver el futuro”, sino sintonizar con un nivel de conciencia que trasciende la linealidad.
Desde esta mirada, una vida pasada no es “antes”, sino “en otro plano”. Un futuro posible no es predicción, sino potencialidad.
El Tarot y la sincronicidad: el ahora eterno
El Tarot, más que un método adivinatorio, es un mapa simbólico del alma. Cada tirada no predice un destino fijo, sino que revela energías presentes, movimientos inconscientes, posibilidades. Nos invita a ver lo que ya está gestándose en el campo cuántico de nuestras vidas.
Carl Jung llamó a esto sincronicidad:“Una coincidencia significativa de dos o más eventos que no están causalmente relacionados pero tienen un sentido para quien los vive.”
Una carta que aparece “por casualidad” en un momento clave puede estar mostrando una resonancia profunda con algo que aún no vemos con los ojos, pero sentimos con el alma.
Psicofonías y tiempo: voces desde el más allá... o desde otro plano
Las psicofonías son grabaciones de voces que no estaban presentes al momento de ser registradas. Algunas teorías las interpretan como mensajes del más allá. Otras, más audaces, las vinculan con la no-linealidad del tiempo.
¿Y si fueran ecos de conciencia que quedaron vibrando en el campo cuántico? ¿O fragmentos de otras líneas temporales que se filtran en la nuestra? ¿O manifestaciones simultáneas de distintas versiones de la conciencia?

Algunos investigadores incluso proponen que la intención del observador influye en el fenómeno. Como si nuestra atención abriera una brecha para que esas voces se hagan audibles.
Desde lo esotérico, podrían ser formas rudimentarias de acceder a los Registros Akáshicos. O mediumnidad tecnológica.
Eso sí: siempre con discernimiento. Las interferencias, los errores de interpretación o incluso el fraude, también existen.
Ejercicios para salir de la linealidad y habitar el ahora
Te propongo algunas prácticas para experimentar en carne propia esta otra forma de percibir el tiempo:
1. Meditación en el presente eterno
Sentate en silencio, conectá con tu respiración. En cada inhalación, sentite más presente. En cada exhalación, soltá el pasado y el futuro. Visualizá el ahora como un espacio inmenso donde todo existe. Quedate ahí, sintiendo esa expansión, durante unos 15 minutos. Es probable que empieces a percibir la atemporalidad.
2. Diario de sincronicidades
Durante una semana, anotá coincidencias, frases repetidas, números, sueños raros. Al revisarlo, preguntate: ¿hay patrones? ¿Sentís que algo se está tejiendo más allá de lo visible? Este ejercicio entrena la mirada simbólica y te sintoniza con la danza no lineal del universo.
3. Visualización Akáshica
Entrá en meditación y visualizá una gran biblioteca luminosa. Pedí permiso para ver una escena de tu pasado que aún te afecta. Observá sin juicio. Luego, visualizá un futuro posible que te llame. Sentí cómo ambos conviven en un mismo plano. ¿Qué mensaje tienen para vos?
4. Tirada de Tarot atemporal
Barajá sin pensar en tiempo. Elegí tres cartas y disponelas como te salga, sin pasado-presente-futuro. Observá qué dinámicas aparecen. ¿Qué simbolizan en tu presente eterno?
“Nuestra percepción del tiempo depende mucho más de nuestro estado mental que de la realidad objetiva.” – Aldous Huxley
Vivir más allá del reloj
Quizás no se trate de negar el tiempo, sino de liberarnos de la tiranía de su linealidad. De permitirnos habitar la simultaneidad de lo que somos, fuimos y podríamos ser. De aprender a leer los signos, a reconocer los hilos invisibles que nos conectan con otras realidades posibles.
Cuando aflojamos el control, el Ser empieza a bailar en ese tiempo circular, simbólico y atemporal.
Y en esa danza, tal vez descubramos que el verdadero milagro no es predecir el futuro, sino habitar el presente con todo lo que contiene.
Abrazo!
Marina









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